viernes, 19 de septiembre de 2014

Manual de motor Renault K7M

Contenido:

Generalidades
Identificación del motor
Par de apriete

Parte alta del motor: 

Características
Bajos de motor:
Características
Ingredientes

Piezas que hay que sustituir sistemáticamente

Particularidades
Cambio estándar
Utillaje especializado
Material
Motor: Desvestido

Correa de accesorios:

Extracción

Distribución - culata:

Extracción
Desvestido de la culata

Parte alta del motor:

Limpieza
Parte alta del motor: Control
Vestido de la culata
Bloque motor: Desvestido
Equipo motor: Extracción
Bajos de motor: Limpieza
Bajos de motor: Control
Equipo motor: Reposición
Bloque motor: Vestido

Distribución - culata:

Reposición

Correa de accesorios:

Reposición
Motor: Vestido

Correa de distribución:

Extracción

Correas de distribución:

Reposición


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martes, 9 de septiembre de 2014

Ruidos en el sistema de embrague

Los ruidos en el embrague nos hablan de la existencia de defectos en el sistema

A través de artículos anteriores hemos hablado de la labor del embrague y el funcionamiento de este sistema, ahora vamos a ampliar esa información indicando los distintos ruidos que podemos percibir en este elemento y el significado que tienen para poder detectar una posible avería en el sistema de embrague.

Mantener una buena lubricación reduce la probabilidad de que aparezcan ruidos, ya que generalmente los ruidos están relacionados con el desgaste excesivo de los componentes del sistema de embrague.

Además, para que el sistema de embrague nos dure más tiempo y en mejores condiciones debemos eliminar hábitos perjudiciales como mantener el pie apoyado en el pedal de embrague mientras conducimos para no accionarlo innecesariamente, previniendo un rápido desgaste. Tampoco debemos hacer cambios de marcha bruscos ni a elevadas revoluciones para no formar el sistema.

Para poder determinar el origen de los distintos ruidos que puede producir el embrague, aconsejamos activar el freno de mano y sin introducir ninguna marcha (en posición neutral) arrancar el motor. En ese caso encontraremos:

Sonido de rozamiento cuando embragamos: puede significar que el mando de transmisión no está bien ajustado o no ha sido bien instalado.

Chirrido al mantener pisado el embrague: si se trata de un crujido lo más probable es que se trate del desgaste de la rótula de la horquilla de embrague, mientras que si se trata de un sonido similar al que produce un grillo, se está desgastando en exceso el rodamiento de empuje.

Ruido que aumenta al pisar lentamente el pedal: se detecta también al ir a velocidades bajas o aparcando en marcha atrás y se traduce como la necesidad de reemplazar el collarín.

Ruido en punto muerto: generalmente desaparece cuando pisamos lentamente el pedal de embrague sin acelerar.
Aquí es probable que se trate también de un deterioro de la horquilla de embrague.

Incapacidad para desembragar tras embragar de forma ruidosa: en este caso es el amortiguador del disco lo que se ha desgastado hasta quedar destruido a causa de embragar siempre a muy altas revoluciones.

Como ven, los ruidos producidos al embragar o desembragar nos pueden indicar el tipo de avería que se avecina, si bien por norma general, una vez que es necesario reemplazar un elemento de este dispositivo, aconsejamos sustituirlo por completo (rodamiento, plato y disco), ya que el coste de mano de obra será elevado al tener que separar el cambio del motor por la cantidad de horas que supone y así evitaremos tener que repetir en un corto periodo de tiempo esa inversión.

Por ello, lo ideal es no precipitarse a la hora de tomar la decisión de reemplazar el embrague; aunque los ruidos del mismo nos hablen de defectos en el sistema no significa necesariamente que esté fallando, y a menudo son muchos los conductores que lidian con esos ruidos durante toda la vida útil del vehículo.

El embrague y los elementos que lo forman

El embrague es una pieza propia de los vehículos que van equipados con cajas de cambios manuales


El embrague es el elemento encargado de transmitir la potencia del motor hasta la caja de cambios del automóvil, permitiendo que podamos, manualmente, realizar el cambio de marchas a la vez que se absorben las sacudidas de la transmisión.

Su función, por tanto, es tan sencilla como imprescindible ya que separa y une el giro del motor a la transmisión para liberar el movimiento hacia las ruedas motrices siempre que haya una marcha engranada.

Elementos que componen un sistema de embrague: 

Del volante de inercia o volante motor llega el movimiento una vez que el disco de embrague se acopla al mismo mediante el eje principal. La maza de embrague, por su parte, ejerce presión sobre el mismo para que la potencia del motor llegue a las ruedas motrices. El disco de embrague, por tanto, es el que sufre la fricción y mayor desgaste a causa de estar en contacto con ambos elementos. El último elemento que podemos reconocer en el esquema es el collarín de empuje, encargado de acoplar o separar el disco cada vez que pisamos el pedal de embrague.



Para simplificar la acción que sucede en el interior del sistema de embrague cuando ejercemos la conducción, podemos dividirla en tres posiciones:

Posición de embrague: En la que queda acoplado transmitiendo la potencia por completo al embrague, quedando vinculadas las ruedas y el motor.

Posición de desembrague: El pedal del embrague está pisado, desacoplando el sistema, por lo que las ruedas girarán libres o estarán detenidas, según la inercia. Es la posición adecuada para realizar el cambio de marcha.

Fase transitoria: Aquí es donde cumple su principal función el embrague; moderando los choques mecánicos para que el cambio no suceda con brusquedad ni la inercia pueda dañar el motor o la caja de cambios.

Tipos de sistemas de embrague


Los distintos tipos de embrague existentes podemos clasificarlos en dos categorías; por número de discos o por tipo de mando.

Número de discos: desde el hidráulico que no lleva ninguno (como el caso de los barcos y determinados vehículos industriales), a monodisco seco, bidisco con mando único o doble, y multidisco tanto húmedo como seco.

Tipo de mando: Atendiendo a este aspecto pueden ser de mando mecánico, hidráulico, eléctrico asistido o centrífugo.

Dependiendo del fabricante y el estilo de conducción por el que se haya decantado la marca, podremos encontrarnos un sistema u otro incluso ante el mismo tipo de vehículo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

¿Cuándo hay que cambiar los amortiguadores?

Los amortiguadores, los neumáticos y los frenos conforman el llamado Triángulo de la Seguridad


Los amortiguadores, o mejor dicho, el sistema de suspensión al completo, es un elemento fundamental en la seguridad de nuestro automóvil, y debe, por tanto, mantenerse al día en sus revisiones y velar por su mantenimiento. Forman parte del denominado “Triángulo de la seguridad” junto con los neumáticos y los frenos.

A la hora de sustituir los amortiguadores, que como cualquier pieza, tienen un desgaste con el paso del tiempo, no todos los mecánicos están de acuerdo. Lo que sí podemos determinar es que la vida útil de los amortiguadores, manteniendo su eficacia al 100% se estima hasta los 30.000 kilómetros, después van perdiendo rendimiento. A menudo, no tenemos conciencia de esta situación puesto que el deterioro es progresivo, pero son muchos los usuarios que nos comentan que una vez reemplazados por unos nuevos sí que notan de forma destacable la mejoría en el confort de la conducción.


Lo ideal es cambiar los amortiguadores cada 50.000 kilómetros, aunque como siempre, recomendamos seguir las pautas que indica el fabricante en el manual del automóvil.

A este respecto, también es necesario ajustarnos al modelo que trajera el vehículo, cambiándolos por unos de características similares y acudir a un centro o taller oficial donde nos los ajusten de forma adecuada y segura.

Hay que tener en cuenta, que si pasamos los 100.000 kilómetros sin cambiar los amortiguadores quedamos expuestos a dañar los propios muelles de la suspensión al forzar el sistema aunque no hayamos detectado que estén deteriorados. Para comprobar si están fallando, os recomendamos prestar atención a la hora de esquivar obstáculos y hacer una frenada de emergencia, tal como os mostramos en nuestro artículo anterior sobre las averías y ruidos de los amortiguadores. Un pequeño truco es presionar sobre cada rueda y observar si al volver a su posición original hay o no rebote.

No reemplazar a tiempo este elemento de nuestro automóvil puede ser más peligroso de lo que imaginamos, ya que no solo vuelve la conducción más incómoda aumentando el tiempo de reacción del propio conductor sino que también afecta significativamente a la distancia de frenado al perder agarre al firme de la vía pudiendo llegar a perder el control del vehículo, especialmente en curvas muy cerradas, y acorta la vida útil de nuestros neumáticos un 20%.

Es importante saber que cuando sustituyamos los amortiguadores del vehículo, debemos cambiar al mismo tiempo los del mismo eje, es decir, realizar el cambio por parejas (delanteros o traseros), garantizando así el equilibrio de forma que no pueda afectar negativamente a la estabilidad del automóvil aumentando el riesgo de sufrir un accidente.



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Las averías relacionadas con los amortiguadores pueden tener fatales consecuencias para las piezas mecánicas del automóvil


Como hemos mostrado anteriormente, los amortiguadores juegan un papel imprescindible en la suspensión, dirección y el frenado del vehículo ya que se encargan de adherir los neumáticos a la vía manteniendo la estabilidad y comodidad necesarias para ejercer la conducción de una manera óptima y segura.

Si los amortiguadores no están funcionando correctamente aumenta el desgaste de múltiples elementos mecánicos como los muelles de suspensión, la dirección, el diferencial, la caja de dirección o los neumáticos entre otros. Entre las consecuencias de esta situación destacan el riesgo de aquaplaning cuando el clima es desfavorable, un aumento de la distancia de frenado y la fatiga del mismo conductor.


Con un buen mantenimiento como la revisión exhaustiva cada 50.000 kilómetros, no es habitual encontrar fallos en el sistema, no obstante, cuando los amortiguadores se encuentran en mal estado es fácil detectarlo a causa de las distintas anomalías que presenta. Vamos a recopilar éstas para detectar las averías con facilidad.

Averías comunes relacionadas con amortiguadores y sus posibles causas


A continuación enumeraremos las averías que frecuentemente aparecen en los amortiguadores y los factores que pueden influir en la aparición de estas:

Cabeceo del vehículo: Por ejemplo, en frenadas bruscas, el morro del vehículo se baja demasiado pero cuando paramos vuelve a su posición, lo que nos indica que los amortiguadores o los muelles están muy desgastados.

Vibraciones en el volante: Si notamos que el volante vibra especialmente al frenar en una curva, es probable que el amortiguador delantero del lado exterior del viraje esté defectuoso, o que la ballesta de ese lateral esté dañada.

Rebotes: Si hay oscilaciones en la carrocería podemos comprobarlo presionando y observando si rebota varias veces. Siendo así, ha llegado la hora de sustituir los amortiguadores, pues se han desgastado.

Inclinación excesiva: Si en una curva detectamos una inclinación pronunciada hacia uno de los ejes puedes hacer una avería en el sistema hidráulico o a causa de que la barra estabilizadora esté en mal estado, pero lo más frecuente es que un muelle se haya roto.

Desgaste de los neumáticos: Cuando los neumáticos se desgastan de forma irregular pese a mantenerse a mismos niveles de presión, es común que haya un desajuste en la suspensión del automóvil.

Suspensión demasiado dura o blanda : Los resortes cedidos, una mala presión de los neumáticos o directamente unos amortiguadores mal ajustados pueden tener como consecuencia tanto una suspensión demasiado dura, que dificulte e incomode la conducción o una demasiado blanda que nos haga perder el control del vehículo.



Ruidos que denotan fallos en los amortiguadores


Otro de los síntomas más comunes son los ruidos o golpeteos al coger un bache. Si los amortiguadores que lleva equipados nuestro vehículo son de gas o acción doble tanto como si son de aceite o acción simple, suelen venir dados por fugas. Aunque también podrían deberse a malos ajustes de la suspensión, de las articulaciones o al desgaste de alguno de sus componentes. Podemos clasificarlos en:

Sonido de tableteo: propio del desgaste de gomas o de holgura en las mismas, se produce por conducir con una alta elevación del vehículo, como cuando se nivelan mal los neumáticos. También muestra marcas de rosca en el soporte de montaje.

Sonido de traqueteo: unido a marcas de desgaste en la columna de suspensión porque los tornillos estén aflojados o viejos o se hayan desgastado las arandelas permitiendo que el cartucho traquetee en la columna.

Silbidos: que provienen de las válvulas de amortiguación porque no se ha montado bien la tapa que aísla los ruidos propios del funcionamiento de los amortiguadores.

Lo ideal ante cualquiera de las anomalías comentadas en el artículo, es acudir a un taller para que un profesional realice una comprobación de los distintos elementos que componen los amortiguadores para poder remediar el problema a tiempo.

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Los amortiguadores velan por la buena marcha del vehículo y son un elemento clave en la seguridad activa del mismo 


Los amortiguadores del vehículo son primordiales en la seguridad activa del vehículo, ya que protegen de golpes, impactos y vibraciones tanto a los pasajeros como al resto de elementos del automóvil.



Este dispositivo forma parte del sistema de suspensión de distintas clases de vehículos como automóviles, motocicletas y aviones, controlando los movimientos para convertir la energía cinética en térmica. Se encuentra entre el chasis y las ruedas del vehículo en cuestión.

Por lo general, cada amortiguador consta de un eje cromado anclado al vehículo y dos tubos de acero; el exterior o de reserva que está lleno de aceite, y el interior o de compresión. En el otro extremo del vehículo el pistón desplaza el tubo interno que al presionar succiona el aceite haciendo que circule por las válvulas del mismo.

Entre los principales cometidos que cumplen los amortiguadores se encuentran el control de las oscilaciones de la suspensión para ganar adherencia a la vía, la mejora de la estabilidad en las curvas, la reducción de la distancia de frenado y el hecho de volver la marcha más confortable al absorber las irregularidades del terreno.

Cuando el amortiguador está demasiado rígido, aunque haya un aumento de la estabilidad, se reduce el confort, mientras que si está demasiado blando podemos perder el control del vehículo. Por eso es tan importante mantener los amortiguadores en buen estado.

El excesivo desgaste de los mismos puede poner en un serio compromiso nuestra seguridad.

¿Qué tipos de amortiguadores existen en el mercado? En el mercado podemos encontrar un amplio abanico de opciones entre los amortiguadores: neumáticos, reológicos, magnéticos… pero vamos a enumerar y explicar el funcionamiento de los más comunes a continuación:


Hidráulicos: No requieren mantenimiento y son los que mejor trabajan a elevados niveles de presión. Constan de un pistón dentro del cilindro donde fluye el aceite de un extremo a otro del amortiguador.

Hidráulicos con válvulas: El aceite no circula por los orificios sino por unas válvulas que hacen los vuelven más suaves y eficaces.

De doble tubo: Funcionan con dos cámaras por las que circula el aceite si son presurizados, o aceite y gas si no lo son. Al ser más cortos y tener menos fricción, resultan ideales en situaciones extremas como grandes baches.

Monotubo: En este caso, cada una de las cámaras recepciona un componente: gas o aceite. Entre ambas se encuentra un pistón flotante y dependiendo de la presión a la que estén expuestos se puede regular la dureza y frecuencia.
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viernes, 29 de agosto de 2014