viernes, 5 de diciembre de 2014

Motores TDI – Motores Turbo Diésel Inyección Directa

El motor TDI se creó para grandes vehículos y maquinaria industrial. Tardó más de 150 años en llegar a nuestros automóviles.


La idea de desarrollar motores con inyección directa nace desde el momento en que surge el primer motor diésel donde se le dio rápidamente aplicación para la tracción de grandes vehículos. En cambio, hubo que esperar más de siglo y medio para que se incorporasen esta clase de motores a los automóviles. El primero fue el Fiat Croma en 1986, con denominación TDiD.

Los motores con turbo inyección directa (TDI) cuentan con una cámara de combustión alojada sobre el pistón y un sistema de sobrealimentación con una turbina en el escape, lo que les permite dar un rendimiento más alto mejorando la potencia y prestaciones del motor con un consumo más bajo.

¿Cómo funciona un motor TDI?



La cámara de combustión es más reducida en esta clase de motorización disminuyendo así las pérdidas de calor hacia las paredes del cilindro (o la precámara con la que contaban los modelos anteriores junto a la culata) lo que permite un mejor arranque en frío y un ahorro energético que repercutirá directamente en el consumo de carburante.

En la admisión encontramos un compresor ligado al eje de la turbina, de manera que ésta, al girar cuando pasan por ella los gases de escape, también fuerza a su vez la entrada de aire en los cilindros. Así, este turbocompresor, denominado de geometría variable, mejora considerablemente el rendimiento del motor puesto que comienza a funcionar desde bajas revoluciones.



No es de extrañar que los motores TDI incluyan radiadores de aire (intercoolers) que, tal como os indicamos en nuestro artículo sobre motores diésel, ayuden a descender la temperatura para que el aire sea menos denso y permita la entrada a mayor cantidad de aire.

Los inyectores que usan estos motores se llaman piezoeléctricos ya que es una corriente eléctrica la que activa y genera el movimiento de sus agujas. Son más rápidos que los tradicionales y dividen la cantidad de combustible en varias inyecciones (entre tres y cinco dependiendo del fabricante y modelo) de manera que cada pulverización se efectúa con menos cantidad de combustible haciendo que funcione con más suavidad y el consumo de carburante sea más moderado.

Como desventaja de ese sistema podríamos mencionar que las piezas que componen los motores TDI son más costosas que las de un motor diésel tradicional, pero como hemos mencionado, tanto el consumo como el rendimiento son mucho mejores, así que es una opción muy interesante, sobre todo si somos de los que hacemos muchos kilómetros al año.

Aunque este sistema es propio de los diésel, la turbo inyección directa también se ha probado en gasolina bajo el término TSI. En este caso, el sistema de funcionamiento es muy similar: la mezcla de aire y combustible en relación de compresión 14:1 queda muy cerca de la bujía para que pueda inflamarse con facilidad y esa relación desciende al alejarnos de la misma de manera que sólo hay aire junto a las paredes del cilindro.

El problema viene determinado por la cantidad de óxido de nitrógeno vertido a la atmósfera, que obliga a que al vehículo se le incorpore un catalizador especial que retenga los óxidos por medio de un acumulador que pueda reducirlos hasta que se expulse únicamente el nitrógeno.